Marcela González-Gross, nutricionista: "La dieta de niños y jóvenes no puede ser igual que la de los mayores. No son adultos en miniatura"

📅 10/08/2026

El abandono de la dieta mediterránea por parte de la población española es un fenómeno que viene observándose desde hace años. Los datos científicos más recientes no hacen sino confirmar esta preocupante tendencia. Los investigadores han tenido la oportunidad de comparar los resultados de un estudio llevado a cabo en escolares de 8 a 17 años entre 1998 y 2000 (el conocido como estudio ENKID) con los obtenidos en otro trabajo realizado en chicos y chicas de esas mismas edades en 2019 y 2022 (el estudio PASOS). En las dos décadas transcurridas, el descenso en la adherencia a este patrón alimentario es notable en ambos sexos y en todas las franjas de edad, con independencia del tamaño del municipio, la zona geográfica o el nivel educativo de los progenitores.

Determinar qué factores han provocado este cambio no resulta sencillo. El entorno doméstico, la mayor o menor facilidad para acceder a ciertos alimentos, la frecuencia con que se come fuera del hogar o la percepción que se tiene del precio de los productos conforman el denominado ambiente físico. Por otra parte, el estilo educativo de los padres, las normas establecidas en casa, los hábitos alimentarios que ven los niños, el ejemplo que se les da y si las comidas se disfrutan en la mesa o frente a la televisión integran lo que los expertos llaman ambiente social.

Las pantallas se han ganado un sitio en la mesa

Una investigación reciente realizada con población infantil y juvenil revela que un 45% de los encuestados realiza al menos una comida al día delante del televisor cuando comen en familia. Son cifras que invitan a la reflexión. Las comidas compartidas constituyen un pilar esencial en la educación alimentaria de los hijos: ayudan a establecer rutinas, fomentan el hábito de sentarse correctamente y, sobre todo, permiten disfrutar de la comida sin distracciones digitales.

Resulta llamativo que los adolescentes sepan identificar perfectamente qué alimentos son más saludables. No estamos ante un problema de conocimiento, sino de percepción. Muchos consideran que la comida sana es aburrida, que pelar una fruta supone un esfuerzo excesivo o que las verduras no sacian lo suficiente.

Necesidades distintas en cada etapa de la vida

La alimentación de niños y adolescentes debe diferenciarse claramente de la de los adultos. Durante la infancia y la juventud, el organismo necesita un mayor aporte calórico por kilogramo de peso, así como mayores cantidades de proteínas, grasas e hidratos de carbono, sin olvidar las dosis adecuadas de vitaminas y minerales. Una dieta variada que garantice el suministro de energía y nutrientes resulta imprescindible para un correcto crecimiento y desarrollo, tanto físico como mental.

El cuerpo en desarrollo exige una nutrición apropiada, y eso supone una gran responsabilidad para padres, educadores y profesionales sanitarios.

Las consecuencias de una mala nutrición

El estilo de vida también influye en la salud emocional

La mayoría de los estudios científicos coinciden en que la dieta no actúa sola. La falta de sueño y la escasa actividad física son dos factores determinantes en el desarrollo de depresión o ansiedad en la población infantil y juvenil. Un trabajo reciente llevado a cabo con niños de Educación Primaria en la ciudad de Madrid, el estudio ASOMAD, ha observado que consumir pescado dos o tres veces por semana y tomar verduras al menos dos veces al día se asocia con un menor riesgo de baja calidad de vida y de problemas emocionales.

La importancia de una nutrición correcta comienza incluso antes del nacimiento. De ahí que sea esencial concienciar a las mujeres que planean un embarazo: la alimentación que sigan durante la gestación condicionará la salud futura de sus hijos.

Educar el paladar y los hábitos desde pequeños

Todas las vitaminas y minerales son nutrientes esenciales, lo que significa que nuestro organismo no puede sintetizarlos por sí solo y debe obtenerlos a través de la comida. Conviene seguir las recomendaciones de las guías y pirámides alimentarias diseñadas específicamente para niños y adolescentes. Si se consumen alimentos de todos los grupos, se ingieren los nutrientes necesarios.

A los niños hay que enseñarles a comer bien y a practicar ejercicio físico de forma regular, igual que se les enseña a leer, escribir o resolver problemas matemáticos. Para ello resultan de gran ayuda recursos como libros de cocina mediterránea adaptados a familias o incluso utensilios de cocina para niños, que convierten la preparación de alimentos en una actividad lúdica y educativa.

Suplementación: cuándo es necesaria

La suplementación de vitaminas y minerales siempre debe realizarse consultando antes al pediatra o al médico de cabecera. Un caso habitual es el de la vitamina D, cuya deficiencia tiene una prevalencia muy alta. Las asociaciones de pediatría recomiendan su suplementación porque, actualmente, exponer la piel al sol —la otra vía para obtenerla— está cada vez más desaconsejado.

Recuperar la dieta mediterránea en pleno siglo XXI

La dieta mediterránea ofrece una gran variedad de platos ricos en nutrientes, que pueden adaptarse perfectamente a los gustos de niños y adolescentes. Eso sí, es evidente que los gustos y costumbres evolucionan, y quizá haya que actualizar el mensaje para que no parezca una forma de alimentarse anticuada. Desde la Sociedad Española de Nutrición (SEÑ), numerosos investigadores y grupos de trabajo están abordando esta cuestión, incluso en colaboración con equipos de Italia, Grecia y Francia, que comparten la misma preocupación.

Integrar a los niños en todo el proceso alimentario es fundamental: llevarlos a la compra para que aprendan a distinguir unos productos de otros, que sepan identificar si la carne o el pescado están frescos, y que participen en la preparación y cocinado de los alimentos. Es una forma divertida de generar aprendizaje y una inversión en su salud presente y futura. Existen verduras congeladas y pescado congelado de calidad que facilitan enormemente la tarea cuando el tiempo escasea.

Obstáculos que debemos superar

Los estudios realizados en adultos que preguntan por las barreras para seguir la dieta mediterránea arrojan respuestas reveladoras: no conocer las recetas tradicionales, no saber cocinar, el sabor intenso de alimentos como el ajo y la cebolla, o la creencia de que requiere demasiado aceite. Si no se remedia, pronto estas excusas serán moneda común entre las generaciones más jóvenes.

No se debe transmitir la idea de que comprar y cocinar es una pérdida de tiempo. Si la falta de tiempo es real, existen alternativas razonables: alimentos preparados, en conserva o congelados, siempre que pertenezcan a nuestra tradición culinaria. La oferta actual incluye verduras, paella, cocido y muchas otras opciones. Ese tipo de productos resulta ideal para emergencias, mientras que opciones como la pizza o las hamburguesas deben reservarse para ocasiones especiales.

Marcela González-Gross, nutricionista: "La dieta de niños y jóvenes no puede ser igual que la de los mayores. No son adultos en miniatura"

Contenido original en https://www.hola.com/padres/20260810914813/consejos-volver-dieta-mediterrana-ninos-entrevista-marcela-gonzalez-gross/

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